
Son las dos de la mañana y lleva tres horas nevando. Fuera está todo blanco, no hace nada de viendo y la nieve aguanta encima de los árboles. En la calle que tengo delante de mi casa cuesta distinguir el pavimento, con una sola marca de ruedas, del resto. Si vives en una zona donde nieva a menudo, no entenderás lo que digo, pero para mi esto es extremadamente precioso, digno de una canción de Austici o Bitcrush, o de mil cosas sin nombre que se me ocurren.
Cuando me preguntan que qué hago en Berlin, solo se me ocurre responder que vivir.

















